eTestimonios

Gente de la calle que cree en Dios

14 mayo 2006

Todavía hoy me pregunto por qué el santo me hizo ese favor tan grande

No sé cómo comenzar este relato. Lo que voy a contar sucedió hace unos tres años y aún no puedo creerlo. Soy católica y cuando he tenido problemas importantes le he pedido y rezado a Dios y a la Virgen María; desde hace tiempo, también a san Josemaría Escrivá de Balaguer, ya que tengo una hija perteneciente al Opus Dei y nos invita a que le recemos a él. Fue un hombre extraordinario y ha obrado muchos milagros.

Esta hija mía ha estudiado en la Universidad de Navarra. Y en una de las visitas a Pamplona para dejarla estudiando, me ocurrió este hecho que ahora paso a relatar. Era por el mes de septiembre del año 2003, y en esta ocasión tras dejar a mi hija en su residencia para preparar los exámenes, nos encaminamos a un pueblo cercano que se llama Puente la Reina, y que por su belleza lo habíamos elegido para visitar. Allí pernoctamos.

Al levantarnos le referí a Pedro, mi marido, un sueño que tuve esa noche con un señor que, según él mismo me contaba, estaba muerto hacía muchos años, pero no paraba de decirme que le cogiera su mano y que estuviera tranquila, y que no iba a pasar nada y que todas las cosas iban a solucionarse.

La paz que sentí toda esa noche fue extraordinaria; no suelo recordar mis sueños casi nunca, pero cuando lo hago son cosas tan intrascendentes que no se las cuento a nadie. Pero ese sueño tan especial sí se lo conté a mi marido.

Tras desayunar proseguimos nuestro viaje a nuestro próximo destino, que era Zaragoza. Y sin saber por qué, nos salimos de la ruta y perdidos llegamos a un pueblo llamado Javier. Tengo que parar un poco porque, aún hoy, escribiendo, las lágrimas me afloran sin querer, recordando ese día.

Entramos a un bar a tomar café y vimos a muchas personas que se dirigían al mismo sitio. Le pregunté al camarero y me dijo que estábamos en Javier, y que la gente iba hacia el castillo donde había nacido san Francisco Javier, del que yo no sabía casi nada.

Al entrar, mi mirada se dirigió hacia un tablón en el que había muchas estampas del santo. Y cuál fue mi sorpresa que al ver las imágenes comprobé con asombro que aquel señor era el mismo que me había estado hablando toda la noche.

Pedro vio cómo me quedé lívida, y llorando le dije: ¡Es él!, ¡es él!, el mismo del sueño. Sentí una emoción indescriptible. Al salir, y temblándome las piernas, fuimos a una tienda cercana donde venden recuerdos y estampas del santo, y entre ellos la imagen de un Cristo al que san Francisco Javier le rezaba siempre.

Pasado un año vino a estudiar a Pamplona el tercero de mis hijos. No le fue bien, pues tenía problemas graves en los que hoy día caen muchos jóvenes de su edad... Le recé a Javier con mucha devoción durante un tiempo, y hoy a este hijo lo hemos recuperado. Le dije a mi santo que iría a la “javierada” que es un acto que reúne a muchos peregrinos en Javier cada año.

El 5 de marzo de este año 2006, me encontraba con mi marido en la explanada del castillo de Javier dándole gracias a san Francisco por haberle tendido la mano a mi hijo y sacado del pozo en el que estaba. Tras acabar la misa subimos casi en volandas para venerar y besar la reliquia que desde Roma habían traído de él (su brazo incorrupto). Todavía hoy me pregunto por qué el Santo me hizo ese favor tan grande de soñar con él y llevarme al sitio exacto donde nació. Lo cierto es que lo tengo presente y no hay día que deje de rezar con él la oración al Cristo que veneraba.

Pilar P. P.

Sección Cristianismo/Christianity

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