eTestimonios

Gente de la calle que cree en Dios

30 abril 2006

Me pregunto cómo han sido capaces mis padres de llevar esta enfermedad, y no hay otra respuesta que el gran amor que se tienen

Me llamo Mª Victoria, tengo 33 años y soy la cuarta de diez hermanos, el mayor tiene 40 años y el pequeño presume de sus 19 años recién cumplidos. Os quiero contar la experiencia que estamos viviendo en nuestra familia desde hace 12 años.

En 1993, cuando mi padre tenía tan sólo 55 años, le diagnosticaron la enfermedad de Alzheimer. Al principio los médicos hablaban de depresión, estrés y agotamiento y la verdad es que estuvimos casi dos años con la incertidumbre de lo que padecía, aunque por los síntomas que presentaba nos temíamos lo peor, como así fue.

Los primeros años de la enfermedad fueron muy duros para todos, pero especialmente para mis padres. Mi padre tenía continuamente faltas de memoria, dificultades serias para mantener una conversación, una total falta de orientación (de manera que no podía salir sólo a la calle porque se perdía), se le olvidó escribir, leer,…. Muchas veces se le veía leer el periódico al revés, intentaba escribir palabras aunque sólo trazaba garabatos, y les pedía a mis hermanos pequeños que le enseñaran cosas básicas que él había hecho millones de veces porque no se acordaba.

Al principio fue totalmente consciente de que estaba perdiendo facultades y fue entonces cuando nos dio una lección de primera aceptando la enfermedad con valentía y confiando plenamente en Dios. Recuerdo perfectamente cómo un día mi padre, cuando todavía era consciente, le dijo a mi madre que no se preocupara por su enfermedad, que Dios les ayudaría y que ella se preocupara de nosotros.

Mientras sucedía todo esto, la verdad es que mi madre pasó un calvario. Intentaba a todas horas suplir las carencias de mi padre pero a su vez iba viendo cómo mi padre se iba deteriorando a pasos agigantados, hasta llegar incluso a no conocer a sus hijos. A la última persona a la que dejó de conocer fue sin duda mi madre. Ya muy enfermo, le llamaba “mi chica” y le pedía perdón muchísimas veces al darse cuenta que no sabía hacer algo o que lo hacía mal (aunque realmente no podía hacer las cosas mejor por su enfermedad).

Actualmente, mi padre, tras doce años de enfermedad, se encuentra las veinticuatro horas del día tumbado en su cama. Ha perdido totalmente todas las facultades básicas y tan sólo es capaz de digerir alimentos triturados. Podemos contar con la ayuda de tres personas para cuidar a mi padre noche y día, y eso nos permite seguir teniéndolo con nosotros en casa, por lo que damos muchas gracias a Dios. Muchas personas nos aconsejan que le llevemos a una residencia puesto que, dicen, ya no se entera de nada, pero nosotros pensamos que es un privilegio tenerle con nosotros y poder darle un beso cada vez que vamos a casa.

Otra cosa que parece que nos toca defender es que las personas, como mi padre, que se encuentran en esta situación siguen siendo tan personas como cualquiera, con la misma dignidad y con el mismo derecho a vivir y a ser cuidados y queridos. Además, pienso que Dios no se lo ha llevado todavía porque con esta enfermedad, mi padre, y sin duda mi madre, están dando un gran ejemplo de vida y consiguiendo que mucha gente de alrededor nos cuestionemos las cosas importantes de la vida. Lo que si os puedo adelantar es que han conseguido que toda la familia nos mantengamos muy unida, alrededor de nuestros padres.

Muchas veces, mirando hacia atrás, me pregunto cómo hemos sido capaces de llevar esta enfermedad y sobre todo cómo han sido capaces mis padres, los protagonistas de esta película, y creo que no hay otra respuesta que el gran amor que se tienen y la confianza y la fe que tienen en Dios.

Para nosotros, los hijos, mis padres han sido el mayor ejemplo de un matrimonio enamorado, y enamorado de sus hijos.

Sección Familia/Family

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