eTestimonios

Gente de la calle que cree en Dios

23 abril 2006

Estoy seguro de que, en algunas casas, un hijo único da más guerra que mis cinco niños

Corría la década de los sesenta cuando se concedía premios a los padres que habían dado al mundo una abundante prole. En la pantalla grande, el entrañable Pepe Isbert intercambiaba en el salón de casa disparos y flechas en “La gran familia”.

También hoy, en una sociedad envejecida en la que la media de hijos se acerca a la unidad, hay padres que valoran los beneficios emotivos de un domicilio poblado por más de tres criaturas, el canon al que ha quedado reducida la categoría de familia numerosa.

Jaime ha saboreado los nervios en la sala de espera de maternidad en cinco ocasiones. Tanto él como Belén han compartido en la infancia los juguetes con una cuantiosa recua de hermanos

“¿Qué pasa que no tenéis televisión?" es uno de los comentarios con el que le han regalado los oídos al guipuzcoano Jaime García de Cárdenas (45 años, empresario, radicado en San Esteban de Gormaz). Esta clase de tonterías no coartan el carácter animoso de este titulado en Económicas; al contrario, si pudiera repetir su experiencia como padre lo haría porque con cinco vástagos la vida de padre es “una gozada”. Santiago, de 12 anos, Leticia, de 10, Pilar, de 8, Blanca, de 5 y Belén de 2, ayudan -cada uno en diferente grado- en las tareas del hogar a Belén (32 años).

Jaime y Belén consideran que cada edad tiene una partitura de acciones. "Hoy la gente quiere vivir una permanente adolescencia", afirma el primero. Un cierto egoísmo retrae a los jóvenes matrimonios a alumbrar un nuevo ser humano, pero esta concepción no se corresponde con la realidad.

Ambos destacan que sus padres contaron con menos medios económicos para sacar adelante a sus hijos hace casi 40 años. En contraposición, hoy se equipara a los niños con un bien material. "Ahora dicen 'me compro un coche, una casa y tengo dos hijos", y se sorprende cuando le lanzan halagos del estilo de "qué valiente".

Como antaño, los hermanos García heredan la ropa según van creciendo. La educación que reciben es clara: no hay "marcas" (sin ropa de moda salvo las zapatillas), no hay ''play station” y apenas se ve televisión, especialmente del tipo de 'Los Serrano' o “Ana y los siete'). Cada cuál se hace su cama y ayuda a poner y quitar la mesa. “Estoy seguro de que, en algunas casas, un hijo único da más guerra que mis cinco niños”.

Sección Familia/Family

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